ORÍGENES DEL PERRO
El estudio acerca de los orígenes y evolución del perro es un tema que despierta el interés de muchos especialistas en diferentes áreas de la ciencia. Según varios estudios, hoy en día sabemos que el perro fue una de las primeras especies en ser domesticada por los seres humanos y que se utilizó con fines diversos. Por ello, es normal que nos preguntemos, ¿cuáles son los orígenes del perro, y cuál era su principal función antes de adoptar la función de perro urbano que tanto conocemos hoy en día?
Para conocer los orígenes de la aparición del perro en la sociedad humana hay que remontarse a la época que abarca entre el paleolítico y neolítico en Europa. Según el Manual Enciclopédico: Le grand livre du chien, 1970, la especie del perro surge como descendiente del conocido “Tormateus”, el abuelo del lobo y del chacal. La principal función del perro en el pasado fue la de la caza. De la misma manera que hacían los lobos, los perros formaban jaurías, elegían a su presa y las perseguían hasta ser capturadas. Este rol tan característico del perro, que muchas veces era acompañado por su amo, ha definido y transformado con el paso de los años las diferentes características de unas razas caninas u otras que usaba el hombre para ejercer la caza.
Evolución de lobo a perro
Con el paso de los años, los chacales poco a poco se fueron amansando y se fueron acercando al hombre. Su principal función de caza evolucionó también, pues en lugar de cazar únicamente de noche y descansar en el día, pronto comenzaron a convertirse en animales diurnos y a acompañar al hombre en todas sus cacerías .Un hecho destacable en la evolución de esta especie fue la primera vez que un chacal movía su cola como gesto de felicidad y agradecimiento hacia el ser humano; una señal que marcó decisivamente el avance hacia la figura del perro doméstico. Tal y como relata el autor Konrad Lorenz en su libro “Cuando el hombre encontró al perro”, en la transición del Paleolítico al Neolítico el hombre poco a poco comenzó a construir las primeras viviendas conocidas como “palafitos”, donde por aquél entonces el perro ya era considerado un perro doméstico, apodado como el perro de las turberas y de un tamaño pequeño similar al de un lobo de Pomerania. Lo destacable aquí fue la capacidad que tuvo el hombre en su marcha para mover hacia el norte y el oeste de las costas bálticas a manadas de chacales ya casi domesticados o bien perros en avanzada fase de domesticación, provocando la desaparición de los numerosos chacales salvajes que antes se encontraban en la zona. Este hecho explica en gran medida las diferentes situaciones o funciones que puede adoptar el perro con el paso de diferentes pueblos; quedando definida como la más antigua aquella en la que el perro se encontraba en manada en torno a un poblado humano con una relación escasa hacia el hombre, o por el contrario la situación de hoy en día en cualquier pueblo europeo donde son un conjunto de perros los que permanecen vinculados a una casa y guardan una fuerte relación de protección y respeto hacia su amo.
En definitiva, a pesar de que los conocimientos acerca de los orígenes del perro pueden ser confusos, se puede garantizar que el ancestro salvaje de la mayor parte de perros domésticos es el lobo prehistórico.
Según el Servicio de Genética de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, la especie más próxima genéticamente a la canina es la lupina, con tal solo una alteración del 0,2% de su ADN mitocondrial frente al 0,4% en comparación con otras especies de cánidos. Tal y como relata la Revista veterinaria profesional de animales de compañía “Canis et Felis”, las modificaciones morfológicas encontradas en los perros primitivos como por ejemplo alteraciones en los rasgos faciales o la disminución en el tamaño de sus dientes, de la boca o las orejas, son una consecuencia directa de la domesticación. Se cree que todos estos cambios relacionados a su vez con el cambio en su comportamiento se deben a diferentes alteraciones hormonales fruto de la domesticación.
Perros en la Edad Media
Durante la Edad Media, podía afirmarse que, por la representación de los caballeros del medioevo, era el caballo el animal domestico de la época. No obstante, el perro adoptó una posición privilegiada a en la época por la estrecha relación que tenia con el hombre y el fuerte vínculo que guardaban realizando tareas humanizadas. El perro en esta época adoptó una posición de sumisión, fidelidad y una función de perro de caza y protector. Tal y como señala el autor Valero, “Simbolizaba la fidelidad al rey que debe tener todo buen vasallo, caracterizada por su ardimiento en acometer los peligros, y en la defensa de las fronteras del reino” .
En la heráldica medieval, tanto los perros como los gatos fueron representaciones de símbolos de lealtad, valor, obediencia, justificados por las posiciones y colores que expresaban sentimientos y virtudes asociadas con los animales, y que mostraban en los escudos de armas. Tal y como estudió Fernando Villaseñor en la iconografía animal de los márgenes de los manuscritos de la España del siglo XV, la presencia de la figura del gato frente a la del perro era mucho menor, caracterizada esta ultima por aparecer en los estilos de arte gótico representando la fidelidad.
En definitiva, en la Edad Media, la figura del perro estuvo presente y fue muy destacable la representación de imaginarios, en este caso positivo hacia el perro que era representado como un animal útil para la caza y siempre fiel a su amo y al servicio de él, y en un grado menor como animal de compañía hacia las mujeres. Lo que esta claro, es que poco a poco el perro se fue aproximando al ser humano y fue adoptando nuevas funciones acompañando a su amo.
Los diferentes roles que desempeñaba el perro anteriormente se han conservado aun así en nuestros días en una gran parte del mundo, concretamente en aquellas zonas más rurales que basan su principal ganancia económica en tareas dedicadas a la ganadería y la agricultura, entre otras. Según un estudio publicado por Guagnin, Perri y Petraglia en 2018, Ha sido en los entornos más modernizados, urbanos donde el perro ha adquirido nuevas funciones como animal de trabajo para oficios como policía, bombero, o también como ayuda hacia personas con discapacidades tanto físicas como psicológicas. A partir esta paulatina aproximación entre el hombre y el perro nació un lazo que cada vez se fue estrechando más con los años hasta llegar a ocupar su papel hoy en día como animal de compañía.
Domesticación del perro
Para entender el significado del perro como animal de compañía, es precioso conocer en profundidad el proceso de domesticación por el que ha pasado. Se entiende por domesticación al proceso de mutualismo que se desarrolla entre una determinada cantidad de plantas o animales y una población humana. Lo importante en los procesos de domesticación es que existe una necesidad o deseo por parte del hombre hacia el animal domesticado por un motivo de protección o control sobre él. En un contexto general, se puede entender por domesticación a ese proceso histórico por el que un grupo de animales o plantas salvajes son transformados por el hombre, pero esta afirmación no explica del todo el proceso de domesticación canina en el que, a pesar de la clara evolución del perro, sus antiguos ancestros como el lobo o el chacal siguen siendo salvajes.
Hay varios autores que han dedicado sus estudios a comprender este proceso de domesticación que no resulta nada simple. Los cambios producidos a lo largo del tiempo entre ambas especies fueron grandes por lo que esto dificulta su comprensión. Además, varios factores como el clima o cambios en la superficie terrestre afectaron notablemente a su evolución. La evidencia del lobo como antecesor del perro es clara gracias al avance molecular. Se considera que los inicios de esta pre-domesticación del perro ocurrieron en África. No obstante, a pesar de que existen pruebas que demuestran que el perro doméstico (Canis lupus familiaris) proviene del lobo (Canis lupus), resulta complicado creer que fuese el hombre quien buscase un beneficio propio al intentar capturar, amansar y, por lo tanto, domesticar al lobo. Más bien, se considera que fue el hombre quien modificó su estilo de vida a favor del perro. Fue primero el perro quien inició su propia domesticación, y más tarde el ser humano su domesticador. Se considera que la especie canina, en el análisis evolutivo, es una de las más exitosas. A pesar de su gran numero, se trata de una de las pocas especies de mamíferos distribuidas en casi todos los continentes, a excepción de la Antártida.
Es importante terminar aclarando que a diferencia de otras especies de animales donde su domesticación se logró para favorecer al ser humano, en el caso de los perros no ocurrió así, únicamente mejoraron algunas funciones de trabajo como la caza, la principal justificación y función de su domesticación fue por mutua compañía.
El perro urbano
Teniendo en cuenta todas estas aclaraciones sobre la evolución y domesticación del perro, podemos establecer que el perro ha evolucionado hasta convertirse en lo que hoy conocemos como el perro urbano.
Según la educadora canina Patricia Guerrero, se entiende como perro urbano a aquel, no solo que ha pasado por un proceso de domesticación, sino que convive con el ser humano en la ciudad, estableciendo una relación cercana con él. Aunque todavía existe la figura del perro como aquel que vive fuera del hogar y únicamente se aproxima al ser humano en busca de comida, muy común en zonas menos desarrolladas o más rurales, cada vez más el perro forma parte de nuestro día a día cumpliendo su función de animal de compañía o mascota.
En el caso del perro urbano, este necesita saber cómo tiene que comportarse para poder adaptarse al entorno humano y disfrutarlo. Por su parte, el ser humano también busca beneficiarse de su compañía y poder sentirse libre de llevar a su mascota a cualquier parte y que esta esté preparada para ello. Tal y como señala Patricia Guerrero, divulgadora y educadora canina, los perros son animales que tienen una necesidad de compañía, son seres sociables que necesitan estimulación de personas, olores, otros animales o lugares diferentes.
Patricia Guerrero concluye en la importancia de cuidar todas y cada una de las necesidades básicas del perro urbano, y no únicamente de algunas, para poder mantener una buena salud y bienestar en el animal.