ROLES DEL PERRO
Vínculo entre ser humano y animal
Hoy en día, está claro que los animales de compañía ocupan un importante lugar en las sociedades occidentales. Es fundamental analizar y estudiar el impacto y la influencia que estos tienen sobre el ser humano y en general en la sociedad. Para ello, se puede analizar tanto los beneficios que pueden aportar a nivel individual y social como los problemas generados por la convivencia con ellos y los diferentes roles que pueden asumir en su cercano vínculo con el ser humano.
Según un estudio publicado por la FEDIAF, en Europa se calcula que aproximadamente 75 millones de hogares tienen algún tipo de mascota. Y según la ANFACC en España hay un 49,3% de hogares con animales de compañía siendo estos un 26% perros y un 19% gatos. Según los datos del estudio publicado en 2023 por Guzmán, se estima que el 25% de los hogares tiene perro, lo que supone cerca de los 5 millones de familias.
Para explicar las diferentes influencias tanto positivas como negativas que provoca la relación e interacción entre personas y animales de compañía, se debe mencionar primeramente algunas teorías que lo explican. Entre ellas, y, en primer lugar, la teoría de biofilia del autor Wilson (1984) viene a explicar el interés innato que tiene el ser humano de conectar con la naturaleza, y, por lo tanto, con los animales provocada en sus inicios históricos como una manera de supervivencia. Es decir, cuanto más conocimiento tuviese el ser humano sobre su entorno, y sobre los animales, más fácil le resultaría identificar los peligros y por lo tanto sobrevivir.
En segundo lugar, la teoría del sistema de apego estudiada por los autores Bretgerton (1985) y Cassidy y Shaver (1999), hace referencia al comportamiento de apego y la necesidad el ser humano de tener que relacionarse y establecer vínculos con los individuos de su misma especie. En tercer lugar, la teoría o sistema de comportamiento de cuidados a terceos estudiada por los autores Brown, y Penner (2012) explica que debido a la actitud innata que tiene el ser humano de proteger y cuidar de otros hace que quiera cuidar de los animales para poder cubrir esa necesidad.
Además de estas teorías, según un estudio de Nagasawa y su equipo de investigación publicado en 2015 se obtuvieron resultados varios en cuanto a las diferentes aproximaciones que provocaba el vínculo entre personas y animales de compañía, estudiados desde las ramas de la psicosociología y la neurofisiología. En este estudio, se obtuvieron resultados tanto positivos como negativos. Por un lado, se indica que la relación entre ambos podría estar aportando beneficios mutuos.
Por otro lado, se han aportado datos concluyentes que afirman que la presencia de animales en el entorno humano produce beneficios psicológicos y fisiológicos en las personas, como la reducción de los niveles de estrés en niños, y los buenos indicadores de salud en quienes disfrutan de la compañía de sus mascotas. Por otro lado, los aspectos negativos también son notables y estos están fuertemente relacionados con el entorno familiar y las diferentes relaciones dentro del vínculo familiar. Según el estudio publicado en 2015 por Fatijó y su equipo de investigación, la mayor parte de problemas entre el ser humano y su animal de compañía se deben a la mala conducta del perro, la falta de información por parte del propietario, las malas formas o conductas agresivas que puedan existir dentro del hogar, y la falta de educación y cuidado animal. Según estudio publicado en 2013 otro de los causantes de la mala relación entre personas y animales es la acumulación de animales dentro de una misma vivienda, considerado también como un tipo de maltrato animal por olvido, despreocupación y descuidado del animal. Este trastorno fue reconocido dentro de la categoría de trastornos de acumulación de la quinta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales.
La figura del perro en el hogar
Una vez estudiado el vínculo existente entre el ser humano y su animal de compañía y los efectos positivos y negativos que esta relación puede ocasionar, es importante repasar algunas de las funciones o roles más destacables que puede adoptar el perro como animal de compañía.
Entre ellas, y la más conocida es aquella en la que el perro es un miembro más de la familia, es decir, la función del perro en el hogar, como una mascota. No obstante, para entender bien las diferentes perspectivas y funciones que adopta el perro en la familia, es necesario comprender primero el lenguaje que utilizamos para denominar dicho rol.
La Real Academia Española define a una “mascota” como un animal de compañía, es decir se entiende como cualquier animal amansado o doméstico el cual se mantiene en el núcleo familiar por placer o compañía. En este sentido, la siguiente cuestión que nos podemos plantear, es ¿qué se entiende por animal de compañía? La legislación española de sanidad animal hace referencia a aquellos animales que están bajo la supervisión y poder del ser humano, siempre y cuando esta no tenga fines comerciales ni lucrativos.
En la actualidad en España la cifra de familias con mascota cada vez va aumentando más. Se estima que aproximadamente en 1 de cada 4 hogares conviven familias con uno o más perros. En 2021 se calculó el total de perros estimados en España de aproximadamente más de 6 millones y medio. La convivencia en general en España con animales se debe al hecho de compartir entre varias especies diversos espacios, y actividades con carácter social. Las personas que conviven en un mismo hogar comparten el espacio y las rutinas del día a día, y en el caso de los perros, además de estos entornos también existen espacios de convivencia públicos como son los parques o las calles. A partir del análisis de esta convivencia entre perros y humanos se han destinado varias teorías y estudios centrados en analizar y cuestionar el verdadero lugar del perro dentro del ámbito familiar.
Entre ellos los primeros estudios basados en la cuestión de convivencia entre el perro y la familia humana surgieron en los años noventa. Un claro ejemplo fue el trabajo de Sanders en 1993 basado en entrevistas a personas que convivían con perros como manera de integrar a este en el núcleo familiar y crear lazos afectivos entre perro y humano. Además de este estudio, fue muy destacado el publicado por Emma Power en 2008, donde uno de sus más exitosos artículos llamado Furryfamilies: making a human-dogfamily through home explicaba los diferentes roles del perro en el hogar según diversos contextos y situaciones. Power fue una mujer que marcó decisivamente un antes y un después en el estudio de la relación canina-humana, pues fue la primera en considerar al perro como un miembro más de la familia basándose en datos verificados y justificados.
De esta forma, podemos definir según la autora Emma Power las diferentes funciones y roles que puede adoptar el perro como animal de compañía:
Funciones del perro en la familia
El perro adopta un rol infantil asignado por parte de la familia, es decir, está bajo una serie de cuidados similares a los que se emplearían con un niño humano. Incluso algunas familias tomarían la decisión de tener un perro como animal de compañía en lugar de tener hijos, al dar por hecho que el cuidado y compañía de este será similar o igual al del cuidado de un niño, así como sustituto al vacío que deja un hijo cuando abandona el hogar parental.
El perro adopta una función de acompañante y participante del ser humano en sus actividades rutinarias del día a día. De esta manera, es participe de todos sus encuentros, tiene capacidad de influencia sobre ellos, interactúa con ellos y se adapta al entorno.
El perro asume un rol de unión en la familia, favoreciendo la comunicación y la unión global de los miembros del hogar, así como la superación de momentos de crisis, estrés o tristeza entre los familiares. Se convierte, de esta manera, en un apoyo emocional hacia el ser humano.
A pesar de ser roles diferentes, estos tres papeles del perro en la familia están fuertemente relacionados, y se complementan entre sí. De esta manera, podríamos concluirlos como tres niveles definidos en: el perro vulnerable y su lugar externo a las relaciones de poder, el perro como partícipe de actividades cotidianas de la familia, y el perro como miembro conciliador de conflictos y crisis familiares.
A pesar de lo que indica la legislación española acerca de la definición de animal de compañía, se considera que el perro no es un animal de compañía por sí mismo, sino que se define así en función del trato que le da el ser humano. El perro por lo tanto podría ser un animal que está constantemente limitado por diferentes factores, funciones o estereotipos impuestos por el hombre. El perro es una especie interpretada de manera versátil y maleable y su función en la familia tiene un doble carácter: en primer lugar, ayuda al ser humano e interviene en sus conflictos sentimentales y de apego, y, por otro lado, es una especie vulnerable y dependiente que necesita el cariño y el cuidado de su amo, por lo que la relación mutua entre ambos se retroalimenta.
De esta misma forma, si ponemos el foco en el ser humano en convivencia con el perro, también podemos definir los diferentes roles que asume este con él y que lo integran en su relación. De la misma manera que el hombre cumple unas funciones al hablar de la parentalidad humana, también tiene otras con respecto a su relación con el perro.
- El ser humano no engendra ni concibe al perro, pero pasa por su proceso de adopción o compra
- El ser humano satisface las necesidades básicas del perro a través de sus diferentes recursos encargándose de tareas como la alimentación, los juegos o la socialización.
- El ser humano se encarga de la educación canina, crucial para mejorar las relaciones entre ambas especies
- El ser humano es el último responsable de las acciones del perro en su interacción con el entorno y los encuentros sociales.
En definitiva, todas estas funciones y roles que asumen tanto el perro como el ser humano en su relación definen un nuevo paradigma sociocultural en aumento en el que se comprenden nuevos tipos de familias, no solo humanas, sino comprendidas como familias multiespecie que permiten la inclusión de animales no humanos y compartiendo con ellos un vinculo de afecto y compañía.
Los efectos del COVID-19
Para hablar de la relación humano-animal de compañía no podemos olvidarnos del punto de inflexión que fue la pandemia del COVID-19 y los efectos que tuvo sobre los animales de compañía, más concretamente sobre los perros. La epidemia que afectó a nivel mundial a la población tuvo grandes consecuencias sobre los perros como animal de compañía por cuatro grandes razones. En primer lugar, por los efectos en la población respecto a las restricciones en cuanto al comportamiento y bienestar de los perros, en segundo lugar, por ser los protagonistas en muchas redes sociales de los ciudadanos durante el confinamiento, en tercer lugar, por el aumento de abandonos y la disminución de adopciones durante el año de la pandemia, y en cuarto lugar por la posibilidad de que los perros fuesen portadores de la enfermedad.
Según varios estudios, la pandemia fue un motivo más para aumentar y valorar más el contacto físico entre humano y perro dado que durante el confinamiento este se vio limitado por las políticas sanitarias. En definitiva, la convivencia con los perros durante la pandemia sirvió como ayuda para sobrellevar las restricciones de movilidades, el contacto social, el cariño, y la compañía. Pero ¿Y los perros?, ¿Cómo se sintieron ellos tras esta pandemia, ¿Cómo les afectó el confinamiento?
En primer lugar, las pautas de comportamiento y adaptación de los perros se vieron fuertemente afectadas durante la pandemia. A pesar de que los perros pudieron disfrutar de paseos diarios, su duración quedó disminuida, así como su interacción con otros animales de su misma especie. Otros estudios indican que las vocalizaciones caninas, incluyendo aullidos o ladridos aumentaron considerablemente, siendo dos de sus principales razones el tiempo breve de paseo y la frecuencia con la que su amo, por estrés o enfado, mantenía una actitud más distante o desatendida con su perro. Este hecho explicaría los efectos de comportamiento del perro que podría haber sentido frustración, y angustia ante esta situación.
Como se ha visto, la situación fue tremendamente complicada e influenció notablemente a los animales de compañía, pero los efectos grandes vinieron después, una vez concluido el estado de alarma. En 2021, un año después de finalizar la epidemia, el número de perros en España se incrementó un 40%. Una de las principales razones de este incremento, fue por un lado la pandemia al provocar un aumento del tiempo que permaneció la población en casa con el teletrabajo, los cambios en hábitos de consumo, y un aumento del ahorro. Y, por otra parte, el descontento con la natalidad en España, que podría derivar en una necesidad de adoptar una mascota en lugar de tener un hijo, tal y como indicaba el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) Además, la industria canina también se vio afectada provocando un aumento en productos para animales de compañía superior al del sector porcino, según los últimos datos de Veterindustria.
Vínculo con personas mayores
La conclusión que se puede obtener de todos estos estudios es que independientemente de las diferentes situaciones vividas, la relación entre los seres humanos y los animales de compañía cada vez se hace más notoria, y, por lo tanto, su relación provoca efectos y consecuencias entre ambas especies.
Por un lado, varios estudios han demostrado que los animales ayudan a prevenir ciertas enfermedades, además de agilizar los procesos de la enfermedad y la rehabilitación de esta. A su vez, los animales de compañía mejoran el contacto social de las personas, favorecen la autonomía y motivación de esta, y en el caso de las personas mayores, mejora su envejecimiento ofreciéndole una mejor calidad de vida. Es por ello por lo que cada vez se destinan más razas de animales dedicadas a acompañar y ayudar a aquellas personas que más lo necesitan. Según Oropesa y colaboradores, en el año 2009 se concluyó los beneficios físicos, sociales y psicológicos que producían los animales en las personas. Se analizó, y estudió en profundidad su comportamiento y la investigación derivó en una consecuencia muy positiva en los seres humanos, mejorando su estado de salud, actividad física y sociabilidad gracias a sus mascotas.
Según varias investigaciones realizadas por Perea-Mediabilla y colaboradores, así como por Hugues y colaboradores, la muestra de personas que presentan mayor media de edad son las que mejor nivel de salud perciben. Este estudio demuestra claramente que, en términos generales, tener un perro como animal de compañía afecta positivamente en la salud percibida de las personas mayores en cuanto a aspectos relacionados con el dolor, reacciones emocionales o movilidad física. Además, según un estudio publicado por Gutiérrez en 2007, el estrés es un factor clave que se ha visto disminuido gracias a la relación humano-animal, incluso simplemente al acariciar a una mascota
Humanización de las mascotas
A pesar de ser claras y evidentes las razones por las que se ha demostrado que el ser humano disfruta de la compañía de los animales, es habitual que nos surja la cuestión de cómo se sienten ellos, nuestros verdaderos protagonistas, es decir, cómo se sienten los animales ejerciendo su papel de animal de compañía.
Pues bien, para entender esto, primero es necesario hablar del concepto de humanización de las mascotas y lo que este proceso conlleva.
Como ya hemos visto anteriormente, los autores definen la domesticación como el hecho de someter a un animal al dominio humano, acostumbrarlo a la presencia humana y controlar su reproducción. Es decir, tal y como indica Vallejo en su publicación de 2018, los animales domésticos no aparecen ya como formas silvestres, sino que pertenecen a poblaciones donde son mantenidos por los seres humanos y dependen completamente de ellos.
Según la RAE, el concepto de humanización hace referencia al hecho de atribuir cualidades o rasgos humanos a un animal o una cosa. Consiste, por lo tanto, en percibir a los animales como si fuesen un miembro más de la familia, como si fuese un ser humano. Es en este punto donde entran las controversias acerca de lo que este proceso de humanización implica en los animales domésticos. Para ello, es fundamental saber distinguir la humanización del buen trato o cariño que se le puede dar a una mascota sin pretender que adopte conductas inapropiadas a su especie.
Humanizar a las mascotas, es decir, tratarlas como si fueran seres humanos, les causa daño, pues se les impone ciertos comportamientos que no son propios de su especie. Al hacer esto, se les priva de su manera natural de comunicarse y de su organización social, generando ansiedad en los animales. Aunque las mascotas se integren como miembros de la familia y participen en actividades humanas, esto les afecta, ya que se les exigen expectativas difíciles de cumplir, lo que limita su desarrollo como animales. Celebrarles cumpleaños, vestirlos o interpretar sus emociones desde una perspectiva humana son ejemplos de antropomorfismo, que es la atribución de características humanas a los animales. Situaciones como pasear a un perro sano en un cochecito o interpretar sus emociones desde un punto de vista humano alteran su naturaleza y les generan incomodidad. Además, esta conducta no se considera una patología en las personas, pero sí puede causar problemas en los animales, como obesidad o sobreprotección.
Por otra parte, desde el punto de vista social, la controversia se amplía cuando se observa el gasto que muchas personas destinan a sus mascotas. La industria de productos y servicios para animales ha crecido exponencialmente, con una oferta que incluye desde ropa de lujo hasta spa y tratamientos estéticos. Para algunos críticos, este nivel de atención refleja un exceso de consumo y un desplazamiento de prioridades, en un contexto donde muchas personas aún carecen de recursos básicos.
Tal y como indican los estudios de Gallego, un animal de compañía o mascota es aquel animal doméstico que no es forzado a hacer determinadas actividades que el ser humano quiere, ni tampoco es usado para fines alimenticios. Los animales de compañía son animales amansados por el ser humano, dependientes de él pero que disfrutan de su compañía, sin ningún tipo de beneficio y respetando su bienestar.
A pesar de ello, el debate sobre la humanización de las mascotas sigue hoy en día abierto. Los defensores de esta tendencia argumentan que la humanización refleja una mayor sensibilidad hacia los animales y su rol en las familias modernas. En muchos casos, las mascotas son vistas como una fuente de compañía emocional, especialmente en sociedades donde los hogares unipersonales y la soledad están en aumento. Para estos defensores, cuidar a una mascota como si fuera un miembro más de la familia es una manera de reforzar la conexión entre humanos y animales, promoviendo su bienestar.
La resolución de estas controversias dependerá de la capacidad de poder encontrar cierto equilibrio en el trato que se les dé a los animales. De esta manera, se pretende evitar imponerles conductas inapropiadas o expectativas propias de los seres humanos que puedan afectar su bienestar.